Novela

5 libros sobre literatura y migración de la editorial automática

Hoy tenemos una bonita selección que hemos realizado de forma conjunta con la estupenda editorial automática donde compartiremos 5 títulos de su catálogo y como siempre 5 fragmentos de cada uno de ellos. ¿Quieres descubrirlos?

Editorial Automática

Automática Editorial es una editorial independiente fundada en 2012 enfocada en narrativa extranjera. Desde el principio nuestro objetivo ha sido publicar literatura internacional nueva y de calidad para los lectores españoles (en algunos clásicos en su país de origen). Estamos orgullosos de haber publicado a autores como Keri Hulme, Donald Barthelme, Todd McEwen, Vassili Aksionov, Daša Drndić, Yan Lianke, Aleksandr Chudakov, Maksim Gorki y muchos otros. Creemos realmente en la literatura como herramienta para entender el mundo en el que ahora vivimos, para conocer mejor la historia, como espejo en el que mirarnos, para entender a los demás. Concebimos la lectura como un modo de tomarnos nuestro tiempo en este mundo cada vez más inmediato y poder encontrarnos con nosotros mismos. En los libros. 

5 libros de literatura y migración + 5 fragmentos

Dendritas, de Kallia Papadaki

En los años 20, cuando Andonis Cambanis pisó por primera vez Estados Unidos, Camden era una próspera ciudad que crecía a la sombra de la vecina Filadelfia, pero, con el paso de los años y los reveses económicos, llegarían los cierres de las fábricas y el incremento de la delincuencia, dejando tras de sí barrios abandonados y empobrecidos. Dos generaciones más tarde, la familia Cambanis acogerá a la pequeña Minnie, compañera de colegio de su hija Litó, después de la repentina muerte de su madre.

La llegada de la niña reabrirá viejas cicatrices familiares, hará que afloren recuerdos del pasado y se perfilen nuevos horizontes. Al mismo tiempo, Minnie y Litó comenzarán a dejar atrás la infancia para despertar en un mundo injusto y, muchas veces, implacable.

Ruta Migratoria:  Grecia > Nueva Jersey (costa Este EE.UU) (la novela menciona otras comunidades irlandesas e italianas que también viajan al mismo lugar).

El 4 de junio de 1944, el 5.º Ejército de los Estados Unidos liberó Roma, y ese mismo medio día Ralú se hizo una buena quemadura en la mano derecha y chamuscó la olla que olvidó al fuego con las judías verdes; por si fuera poco, a la mañana siguiente enfermó Basil y le subió una fiebre de 39º, y a pesar de todas las advertencias insignificantes, indignas de mención, que recordaban pinchacitos de aguja, nada dejaba presagiar lo que ocurriría, porque el 6 de junio, mientras Basil seguía convaleciente y Andonis Cambanis estaba hasta arriba de trabajo para un baile de caridad a favor de las esposas de los soldados de infantería que habían resultado mutilados, y las fuerzas estadounidenses, británicas y noruegas pretendían desembarcar de forma coordinada en Normandía, al mando del general Eisenhower, Ralú preparó unos yemistá1que le salieron mejor que nunca, puso la radio en voz baja para oír a Telly Savalas y la voz de los Estados Unidos patrióticos,2 se plantó un plato de comida y un poco de vino tinto fuerte que le había mandado de extranjis el primo caritativo y benévolo y se sentó junto a la ventana: se comió primero el pimiento y luego el tomate, como hacía su madre, y dejó para el final las dos patatitas crujientes con un poco de feta blando y salado, y se bebió todo el vino, un litro y medio de un tirón, y en medio de la neblina de la embriaguez, en medio del estupor, le pareció que no estaba en Estados Unidos, porque en la radio hablaban griego y resultaba que los tomates estaban dulces y jugosos, y los pimientos eran frescos y aromáticos, como si los hubiesen cortado de la huerta de su tío, y las patatas se habían impregnado del aceite y se habían ablandado bajo la costra, y por la ventana pasó alguien que se parecía a su hermano mayor, igualito que Andreas, como dos gotas de agua, en pleno mediodía en Dudley, Dios mío, cuándo habría llegado, cuánto tiempo llevaría buscándola, y se levantó con el mandil puesto para ir a su encuentro, abrió la puerta trastabillando y salió.

1. Plato consistente en verduras (pimientos, tomates, a veces calabacines) rellenos de arroz, a veces con carne picada (N. de la T.).
2. Emisión radiofónica en cuarenta lenguas del Ministerio de Exteriores durante la Segunda Guerra Mundial con noticias, fragmentos, música y novedades de los frentes abiertos.



fragmento de Dendritas, Kallia Papadaki

Editorial Automática | 232 páginas | Traducción: Laura Salas Rodríguez

La caja negra. Los perros vuelan bajo, de Alek Popov

En 1990 una caja negra llega a Sofía desde Estados Unidos. En su interior descansan las cenizas del catedrático Banov, padre de Ned y Ango, fallecido en circunstancias extrañas durante una estancia como profesor visitante en Filadelfia. Quince años después, las vidas cada vez más distantes de los hermanos vuelven a cruzarse en Nueva York. Ned vive en la Gran Manzana y ha conseguido ascender a la cima de Wall Street para convertirse en un BTE (Búlgaro que Triunfa en el Extranjero), mientras que Ango, tras fracasar como editor en Bulgaria, acaba de llegar a la gran ciudad y debe conformarse con ser paseador de perros. Su reencuentro desencadena un torbellino de acontecimientos delirantes que los arrastrará al epicentro de una macabra trama, financiera y canina, capaz de sacudir los cimientos del sistema. 

Esta sátira corrosiva, impregnada de cinismo balcánico, explora la oscura lógica del capitalismo moderno. Con gran ingenio, Popov profundiza en las tensiones familiares y desmantela la dicotomía entre el triunfador expatriado y el perdedor que se quedó en casa, enfrentando Este y Oeste, Wall Street y las ruinas del comunismo.

Ruta Migratoria:   Bulgaria > EE.UU (Nueva York)

Vuelo a Bulgaria vía Londres. Estoy deambulando por Heathrow, una partícula solitaria del nuevo orden mundial, con una maleta de ruedas y el portátil en un bolso colgado del hombro. De camino a la patria siempre me invade la sensación de que estoy volando dentro de un tubo telescópico cuyo extremo va estrechándose, quizás debido al hecho de que los aviones son cada vez más pequeños y la gente cada vez más retraída y ensimismada…
En la sala de espera de la puerta 43 unas cincuenta personas aguardan tranquilamente a que empiece el embarque para lanzarse hacia la tartana que los llevará a su tierra natal. La última vez que volví fue en el invierno del 95, el siglo pasado. Recuerdo a tres tipos abrazados a botellas de Jack Daniels, en proceso de transformación de trabajadores en el extranjero a BTE (Búlgaros que Triunfan en el Extranjero). No soy capaz de valorar si ha cambiado algo desde entonces. Me parece que en la sala de espera hay más gente con aspecto de expertos extranjeros. Acuden de todas partes al olor del tímido despertar económico.
Yo soy uno de ellos.
«¿No tienes la sensación de que estamos intercambiando nuestros lugares?», preguntó Ango antes de separarnos. «Yo me quedo aquí, tú te vas allí». ¡Claro que no! Menuda tontería. Primero, no me voy para quedarme (¡Dios no lo quiera!) como él, sino que estoy simplemente de paso, además por poco tiempo. Soy un profesional. Voy a donde me envíen. Incluida Bulgaria. O Marte. El destino es lo de menos. Segundo, la diferencia entre nosotros no se reduce solo a la geografía. Debería saberlo a esas alturas.

En el avión reparten periódicos búlgaros. Defnitivamente, no existe otro remedio más efcaz contra la nostalgia. Cuando te entra esa melancolía penetrante con olor a estiércol, cuando empiezas a soñar con altas montañas azules, kebapcheta 3 chisporroteantes, cacerolas de lyutenitsa4 y banitsa5 de triple rosca, basta con hojear algún diario de hace tres meses y los espejismos enseguida se desvanecen. Te calmas. Recuerdas por qué estás
aquí y no allí. Las cosas vuelven a su sitio. Ahora, sin embargo, no necesito un periódico búlgaro.

En unas tres horas aterrizo justo en el epicentro de la banitsa.
—¡Hombre, Ned, ¿eres tú? —suena una voz por encima de mi cabeza.
Veo una fgura alta de traje.
—¡Iván! —Me incorporo, nos abrazamos.
—¡Te has olvidado del todo de nosotros! ¿Cuándo fue la última vez que volviste?
—Hace mucho…

En 1994 hice unas prácticas en el departamento de análisis económicos de Swiss Re. Iván Stomáhov había llegado, enviado por unos meses, a la ofcina de Nueva York. Era el clásico BTE con su impactante título de la London School of Economics. Nada más terminar la carrera, la City de Londres lo atrapó con su pegajosa lengua de lagarto como una mosca recién salida del huevo. Éramos lobos solitarios, adictos al trabajo. De día casi no coincidíamos, pero por la noche, antes de regresar a nuestros cubículos impersonales, a menudo nos íbamos juntos a cenar algo.

3 Kebapche es una especialidad culinaria búlgara de carne picada con especias preparada a la parrilla. Su forma es cilíndrica, parecida a una
salchicha.
4 Salsa búlgara elaborada a partir de pimientos asados y tomate.
5 Especialidad culinaria búlgara, similar a una empanada de queso blanco con huevos y opcionalmente, leche.

Fragmento de La caja negra. de Alek Popov

Editorial Automática | 320 páginas | Traducción de Viktoria Leftérova y Enrique Maldonado Roldán

Solos en Londres, de Sam Selvon

Durante los años cincuenta, cada vez eran más los chicos que llegaban a Londres desde las Antillas en busca de trabajo y una vida mejor. Sus sueños a menudo chocaban contra la fría niebla de una ciudad en la que los crecientes prejuicios raciales comenzaban a ocupar las portadas de los periódicos. Muchos de estos nuevos inmigrantes conocieron el hambre, la discriminación y la soledad pero, poco a poco, lograron abrirse camino y procurarse una forma de vida. En torno a la figura de Moisés Aloetta, uno de los primeros trinitenses en llegar a Inglaterra, Solos en Londres despliega un collage de vidas cruzadas y voces singulares que retrata el día a día de la incipiente comunidad negra en el Londres de la posguerra y al mismo tiempo nos ofrece otra visión de la ciudad: la que palpitaba en los barrios de la clase obrera y en los callejones de Notting Hill o Bayswater mucho antes de que fueran arrasados por la gentrificación y donde era habitual ver pancartas que rezaban: Keep Britain White!

Solos en Londres es la mejor novela de Sam Selvon y la primera en abordar la temática de la inmigración caribeña desde la óptica de sus verdaderos protagonistas, quienes tanto por sus marcados acentos como por el color de su piel tuvieron que enfrentarse a la exclusión y se vieron forzados a crear una identidad colectiva. Sus voces, sus expresiones, su deslumbramiento ante la gran ciudad, sus éxitos y sus miserias se aúnan en un poderoso retrato actual y humano de la inmigración. 

Ruta migratoria > Trinidad > UK (Londres)

Una tarde dura de invierno, cuando tenía una forma de irrealidad en Londres, con una niebla tumbada sinquieta encima de la ciudad y las luces borrosas como si no es Londres de verdad sino un sitio extraño en otro planeta, Moisés Aloetta sube a un bus número 46 en la esquina de Chepstow Road y Westbourne Grove por ir a Waterloo y encontrar un tío que venía de Trinidad en el tren del barco.

Cuando Moisés sienta y paga su billete, saca un pa­ñuelo blanco y suena su nariz. Pone negro el pañuelo y Moisés mira la tela y insulta la niebla. No estaba con buenos humores y la niebla no hacía nada por ayudar. Antes va tener que levantar de una cama caliente y a gusto y vestir y salir a la calle con este mal tiempo por ir y encontrar un tío que ni siquiera no conoce. Esa era la parte que dolía: no es como si este tío es su herma­no o primo o ni siquiera amigo. No conoce al hombre más que a Adán. Pero llega una carta de un amigo en Trinidad que dice este tío viene en el SS Hildebrand y si puede por favor encontrar a él en la estación en Londres y ayudar hasta que está colocado. El nombre del tío es Henry Oliver, aunque el amigo dice a Moisés no preocu­pes porque describe a Moisés a él, y todo que tiene que hacer es estar en la estación cuando el tren del barco llega y este tío Henry va encontrar a él. Así que por los viejos tiempos Moisés está en el bus yendo a Waterloo, enfadado con él mismo porque su corazón es tan blando que siempre está haciendo algo por alguien y nadie nun­ca hace nada por él.

Porque parece a Moisés que casi no tiene tiempo de estar colocado en la vieja Inglaterra cuando todos ti­pos de tíos empiezan venir derechos a su habitación en Water, después que llegan a Londres desde las Antillas, contando que este y ese dicen Moisés es un tío bueno de contacto, va ayudar a ellos a tener un sitio donde vivir y un trabajo.

«Ay, Señor —queja Moisés a Harris, un amigo que tiene—, nunca vi nada como así. No conozco de nada a esta gente, pero vienen a mí como si yo soy un funcio­nario de inmigración. Y yo, que estoy con el culo rojo, ¿cómo voy ayudar a ellos?».

Y estos tipos de cosas estaban pasando en un momen­to cuando los ingleses empiezan armar escándalo porque tiene demasiados caribeños llegando al país: este era un tiempo cuando en todas las esquinas, cuando das la vuel­ta, apuestas diez a uno que vas chocar con un negro. En verdad los chicos están por todo Londres y no tiene un sitio donde no vas encontrar a ellos, y en el Parlamento tienen discusiones grandes por la situación, aunque la vieja Inglaterra es demasiado diplomática por tomar me­didas contra los chicos o hacer nada drástico como hacer que no vienen a la Madre Patria.

Fragmento de Solos en Londres

Editorial Automática | 189 páginas | Traducción de Enrique Maldonado Roldán

Una vida en acogida, Melatu Uche Okorie

Una vida en acogida refleja la realidad de mujeres migrantes en una Irlanda oculta tras las paredes de los centros de acogida. Los relatos de Melatu Uche Okorie se inspiran en su propia experiencia y arrojan luz sobre la injusticia del sistema irlandés de provisión directa y sobre el racismo estructural. 

Esta colección de historias nos acerca a la rutina de muchas mujeres que se ven obligadas a hacer cola para obtener alimentos básicos en un albergue de provisión directa; a la experiencia de una joven nigeriana bajo el peso invisible del racismo cotidiano; y a una Nigeria del pasado reciente donde el sufrimiento de una madre destruida por la superstición pugna con su feroz determinación de salir adelante. La colección concluye con un ensayo esclarecedor de Liam Thornton (profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Dublín) que expone la posición legal irlandesa y europea en relación con los solicitantes de asilo y el sistema de provisión directa.

Ruta Migratoria: Nigeria > Irlanda

En la televisión un hombre decía que el nuevo presidente estadounidense era pariente suyo. Tita Muna comentó a tu madre si no le parecía interesante que la misma gente que enseguida reivindicaba a ese hombre negro de Estados Unidos fuera la misma que decía que aquella chica negra de Londres no podía ser una Rosa de Tralee,6 a lo que tu madre repuso: «ya ves». Tita Muna se preguntó entonces en voz alta por qué le extrañaba lo de la chica negra de Londres cuando los niños africanos nacidos en este mismo país ni siquiera eran aceptados como irlandeses y no tenían el mismo pasaporte que los demás niños irlandeses. Le contó a tu madre que una vez en la escuela de su hija pusieron fotos de los alumnos en la pared con sus países de nacimiento escritos encima, y que los niños con padres no nacionales tenían que poner el país de origen de sus padres. Quiso saber si acaso no eran británicos los niños de cualquier ascendencia nacidos en Gran Bretaña, o australianos los que nacían en Australia. Tú le preguntaste cómo se llamaban esos niños que habían nacido aquí y ella dijo: «Niños migrantes o hijos de no nacionales, dependiendo de quienes fueran sus padres». Le contó a tu madre que había pedido al profesor de su hija que cambiara el país de nacimiento de su niña, pero al día siguiente quitaron todas las fotos. Había sido la tita Muna la que te había explicado poco después de tu llegada que a los occidentales les gustaban los africanos de la misma forma en que uno disfruta de los animales en un zoo; se los podía visitar, alimentar, jugar con ellos, pero no se les debería permitir salir de su entorno.

Te quedaste acurrucada en el sofá donde se había sentado tita Muna hasta mucho después de que ella se hubiese marchado, y pensaste en el día en que recibiste la llamada de tu madre comunicándote que le habían concedido la solicitud de reunificación familiar y que te unirías a ella y a tus hermanos. Habías imaginado que todo el mundo sería como los amigos por correspondencia que os había animado a mantener el director del colegio al que habías ido en tu país. Gente de Canadá, Australia, Inglaterra y Estados Unidos a la que escribías sin excepción cada domingo sobre el calor y la sequedad cuando sopla el harmattan,7 sobre las hojas tan secas que podían cortarte los dedos de una forma mucho más rápida y profunda que cualquier cuchillo, y sobre tu profesora de francés, Madmoiselle Jones, a quien mencionabas porque era la única persona que conocías que tuviera un nombre extranjero y llevaba vestidos cortos y floreados que acentuaban aún más su exotismo. También tratabas de impresionarlos con tus gustos musicales y les contabas que te encantaban Usher, Eminem, Britney Spears y Beyoncé, y te sorprendía que algunos de ellos no supieran quiénes eran porque no les interesaba «ese tipo de música», y tú te habías preguntado qué otro tipo de música había. Les enviabas fotos en las que salías en casa y en el colegio, y ellos te enviaban las suyas, tomadas también en el colegio y en casa. Estabas muy emocionada por reunirte con tu madre y habías imaginado que vivía en una casa grande y que conducía un coche grande. Tu tía y tus primos pensaban lo mismo por el dinero que tu madre enviaba cada mes para tu manutención. En los meses siguientes descubrirías que tu madre era reponedora en un supermercado. Antes de dejar a tu padre había sido gerente en una empresa de telecomunicaciones.

6 El Festival Internacional de la Rosa de Tralee es uno de los festivales más grandes y antiguos de Irlanda. Uno de los momentos culminantes del festival es la selección de la Rosa de Tralee, que convoca a las jóvenes de ascendencia irlandesa de todo el mundo al condado de Kerry, a una celebración global de la cultura irlandesa.

7 El harmattan es un viento alisio de África Occidental que sopla en el noroeste de África todos los años de noviembre a marzo, con fuerzas intermitentes. En su recorrido, de norte a sur —del Sahara al golfo de Guinea—, tiende a recoger arena y polvo, convirtiéndose en un viento muy seco y polvoriento.

Fragmento de una vida en acogida

Editorial Automática | 96 páginas | Traducción de Lucía Barahona Lorenzo

Buscando un pájaro azul, Joseph Wechsberg

Joseph abandona Checoslovaquia a mediados de los años veinte con un violín bajo el brazo y la firme intención de conocer mundo. Sus pasos pronto lo conducirán desde los viejos cafés del París de la bohemia a surcar los océanos como segundo violín a bordo de los vapores que recorren las grandes rutas hacia América, China, Japón o Yibuti. En sus viajes, el joven violinista irá sumando experiencias y componiendo una nostálgica imagen de la vida durante el primer tercio del siglo veinte. Salpicado por una multitud de peculiares personajes: un lavandero chino aficionado a la fotografía, noctámbulos músicos franceses, femmes fatales y sedientos empresarios neoyorquinos de los años de la ley seca, Buscando un pájaro azul abre una ventana a una efímera y despreocupada era, la del jazz, los salones de baile y el primer turismo transoceánico, que floreció entre las dos grandes guerras.

Ruta migratoria: Checoslovaquia > EEUU

Miré con tristeza la hilera de paredes, ventanas rotas, factorías y el juego de pelota que tenía lugar en plena calle, y bajé a los dos camarotes interconectados donde nos alojábamos. Maurice y mis compañeros estaban en plenos preparativos almacenando botellas de vino. La norma establecía que realizáramos nuestras comidas en el comedor de primera clase, justo antes del servicio para los pasajeros, junto con los niños más pequeños y sus amas de cría. Nos servían dos botellas de vino por comensal con cada comida, una de tinto y otra de blanco. Nadie vaciaba sus dos botellas excepto Maurice, quien además nos urgía a llevar las nuestras a los camarotes. Dos días antes de que alcanzáramos Nueva York, el líder de la orquesta tomó prestados seiscientos francos del camarero del bar de la clase turista y nos ordenó que hiciéramos lo mismo. Dimitrij, nuestro pianista, un hombre pálido de Vladivostok, logró quinientos francos de un marinero de aspecto siniestro al catorce por ciento de interés. Lucien, el primer violín, quien tenía una gran habilidad con las mujeres, logró ochocientos francos de madame Marguerite, de cuarenta y ocho años de edad, camarera de pisos y única mujer de la tripulación, también al catorce por ciento. Yo me aseguré quinientos del jefe de servicio al once por ciento.

Todo el dinero fue minuciosamente recontado y consignado a modo de contabilidad, entonces Maurice se dirigió al bar de primera clase y al de clase turista para comprar botellas de coñac, Byrrh, whisky escocés, Dubonnet, ginebra, Bénédictine, champán, Pernod, cerveza y ron (todo con el descuento del cincuenta por ciento al que teníamos derecho los músicos). Cuando La Bourdonnais entró en aguas territoriales de Estados Unidos y los bares fueron cerrados, grandes cantidades de licor, cerveza y más de ochenta botellas de vino tinto y blanco se alineaban primorosamente en nuestros dos camarotes. Para conseguir algo más de espacio retiramos armarios y chalecos salvavidas y reorganizamos en profundidad nuestros aposentos. Fue sencillo. Pocos clavos quedaban ya en su lugar en La Bourdonnais y todo estaba sujeto de forma muy precaria.

Nos entregaron nuestras tarjetas de desembarco una vez que amarramos, desde ese momento éramos libres para marcharnos. Maurice me entregó un listado de números de teléfono y me ordenó que fuera a la farmacia más cercana y llamara a todos ellos.

—Tienes que decir: «Hola, La Bourdonnais llegó a puerto», eso es todo.

Le recordé que yo era checoslovaco, que nunca antes había viajado a Estados Unidos, tenía un inglés más que limitado y jamás había hablado por teléfono con un estadounidense. Temía que no me comprendieran.

Maurice se rio entre dientes, de forma entre divertida y compasiva.

—Lo entenderán digas lo que digas. Venga, vete marchando, mon petit.

fragmento buscando un pájaro azul

Editorial Automática | 272 páginas | Traducción de Enrique Maldonado Roldán

Los extractos que se comparten tienen como única finalidad la divulgación literaria y artística. Los derechos sobre estas obras corresponden a su autor o titular.

Publicado por Carlos Rodríguez

Hola, mi nombre es Carlos Rodríguez, mi pasión por la literatura y los libros, mi condición de emigrado y mi labor como psicólogo especializado en acompañar a expats hispanohablantes me animó crear Narrativas Migrantes.

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