Novela

Cacereño, de Raúl Guerra Garrido

Las vicisitudes de José Bajo retratan las historias de miles hombres y mujeres que, desde distintas zonas rurales de España, emigraron al País Vasco atraídos por los empleos que generaba su industria pesada.

Lejos de cualquier posicionamiento previo, se exponen las humillaciones por las que pasa José, los trabajos extenuantes que se ve obligado a realizar, las injusticias que arrostra, pero también un lento ascenso que lo va sacando del mal pasar. A través de su personaje y de otros muchos con los que se relaciona, Guerra Garrido hace un examen cabal de la compleja problemática derivada de la emigración interior: la desestructuración familiar; el desarraigo personal y la soledad; la conflictividad laboral; las diferencias culturales; el surgimiento de actitudes xenófobas; la resistencia a la adaptación y el consiguiente desarrollo de una subcultura de inmigrante; la precariedad urbanística de las barriadas de aluvión, etcétera.

Un valioso documento literario de la dimensión existencial y social de la emigración rural en España

Ruta migratoria: Zona rural de Cáceres (España) > País vasco (España)

Un clamor de circo acogió la propuesta. Los inmigrantes ya no se podían evadir, por bigotes tenían que formar el equipo cacereño, negarse sería un signo de debilidad.

Se interrogaron con la mirada. No estaban muy bien enterados de las reglas del juego, pero los más fuertes se dispusieron a lo que fuera. Pepe aceptó el reto con júbilo, por lo menos le serviría de desahogo, la oposición que sentía a su alrededor se personalizaría en alguien concreto con el que pelear. No es que fuera de los más fuertes, pero tenía fama de nervio.

Los eibaitarras seleccionaron el equipo, así como el orden de los miembros a lo largo de la cuerda, con una seriedad de profesionales. Se tomarían una pequeña revancha por la invasión a que se veían sometidos, demostrando quién es quién.

Un equipo de sokatira consta de ocho hombres, uno es el hombre poste que se sitúa el último, debe ser el de más peso. Este gordo, pero fuerte, sujeta la cuerda pasándosela por todo el cuerpo y entrepiernas, su resistencia marca la del equipo. Los otros siete sólo tirarán con las manos, se colocan la mitad en kilos a cada lado de la soga para que quede tensa y recta. Cada equipo se sitúa a un extremo de la soga y en el punto medio de ésta se ata un pañuelo, después, en el suelo, se trazan dos señales equidistantes. Cada equipo empuja para su lado, el que consiga que el pañuelo llegue a su señal gana.

Los cacereños imitaban como buenamente podían a sus oponentes. Pepe, por ser el más menudo, quedó el primero frente al enemigo. Tremendo error táctico. ¡Preparados! Manos enormes, como zarpas, empuñaron la soga. ¡Ya! Los brazos musculosos, peludos, se pusieron en tensión.

Raúl Guerra Garrido. Fragmento de «cacereños»

Editorial Akal | 336 pag.

Los extractos que se comparten tienen como única finalidad la divulgación literaria y artística. Los derechos sobre estas obras corresponden a su autor o titular.

Publicado por Carlos Rodríguez

Hola, mi nombre es Carlos Rodríguez, mi pasión por la literatura y los libros, mi condición de emigrado y mi labor como psicólogo especializado en acompañar a expats hispanohablantes me animó crear Narrativas Migrantes.

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